jueves, 25 de septiembre de 2014

Viernes tecleado


Corría el año 48 de nuestra era, cuando en la ciudad gálata de Iconio (la actual Konya) vivía una bella y rica muchacha de buena familia que recién había cumplido los 18 años.

Llegó por entonces San Pablo a predicar el Evangelio a la ciudad, y su discurso cautivó el espíritu de la joven doncella, que decidió convertirse al cristianismo y practicar la castidad.



Lo primero no resultó del agrado de su madre Teoclia, y lo segundo molestó bastante a su novio Tamiris. Ambos se pusieron de acuerdo para denunciar al santo, acusándole de alborotador.

Fue encarcelado, pero la muchacha pagó su libertad con el dinero de su ajuar, y escaparon del lugar. Mas enseguida los alcanzaron. El apóstol fue azotado y expulsado de la ciudad, y a ella la condenaron a ser quemada viva. 



Cuando la pusieron en la hoguera, se produjo un terremoto y comenzó a caer una fuerte tormenta con granizo, que apagó las llamas. Así pudo escapar ilesa junto al santo, para ir a predicar la doctrina cristiana en otros lugares. Junto a San Pablo recorrería todos los confines del Mediterráneo: Seleucia, Constantinopla, Atenas, Éfeso, Tesalónica, Siracusa, Tarraco, Roma

Tuvo una vida azarosa, constantemente perseguida por sus creencias, y fue condenada en varias ocasiones. La arrojaron a los leones, la tiraron a una piscina con cocodrilos, la encerraron entre serpientes y lagartos venenosos, la ataron entre dos bueyes para que la despedazaran, pero siempre escapó indemne.

Acabó su vida retirada como eremita en una montaña. Los habitantes de los pueblos vecinos acudían a ella para sus consultas, lo que le granjeó fama de bruja. Enviaron unos soldados romanos para asesinarle en la gruta donde moraba, pero cuando entraron, ella rogó a Dios que le protegiese. 



Éste derrumbó los muros de la cueva, sepultando a los soldados. Ella intentó escapar de la cueva, pero dada la torpeza propia de su avanzada edad, no consiguió salir a tiempo de la cavidad, logrando tan sólo sacar un brazo suyo por fuera de las rocas.

Así dicen que fue la vida de Santa Tecla, la primera mujer mártir del cristianismo, cuya onomástica se ha celebrado esta semana, el día 23 de septiembre. La reliquia del brazo se puede visitar en la catedral de Tarragona, ya que fue adquirida al rey Onsino de Armenia en el año 1320, a cambio de 40 caballos andalusíes, un trono de oro, dos mil quesos mallorquines y otros bienes.

Esta santa tuvo algunos devotos en el Medievo, pero podemos decir que no era muy conocida. Más tarde, con la invención de órganos y pianos, sus intérpretes la reclamaron como patrona, para que sus manos no sufrieran ningún tipo de daño, al igual que ocurrió con la suya. Pero los practicantes de dichos instrumentos se contaban con los dedos de muy pocas manos, así que llevaba una existencia bastante tranquila, mano sobre mano. 



Posteriormente se inventó la máquina de escribir, con sus peligrosas teclas. Todos los secretarios y secretarias la aclamaron también como patrona, para que les amparase en el ejercicio de su oficio. Y Santa Tecla tuvo que ponerse mano a la obra para proteger a estos nuevos devotos, desconocedora aún de lo que se le venía encima.

Durante el siglo XX surgieron miles de invenciones, cada vez con más teclas: teléfonos, mandos a distancia, televisores, radios, lavadoras y un sinfín de artilugios. A Santa Tecla le faltaban manos para atender a sus seguidores.

Y lo  peor estaba por venir: con la invención y posterior proliferación de los ordenadores y de los móviles, fue nombrada patrona oficiosa de los informáticos, de los usuarios de computadoras, y de internet en general. Así que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que es la santa con más fieles y trabajo de todo el santoral.

Ella nos protege de los virus informáticos, de la publicidad engañosa, del spam, de los hackers de cuando se bloquea el ordenador, de las suplantaciones de personalidad, de los trolls... 


Todo esto hizo que el asunto se le fuese de las manos, y que necesitase que le echasen una mano con todo el trabajo que se le venía encima. Así que el Vaticano tomó cartas en el asunto, y nombró a San Isidoro de Sevilla patrono de internet en el 2001.

Este santo sevillano del siglo VII pasa por ser el creador del primer diccionario enciclopédico universal. En su obra ‘Etimologías’ se encargó de compilar todo el saber de su tiempo, a modo de gran base de datos, la primera de occidente, y precursora de la actual wikipedia.

Además, también cuenta con la ayuda del arcángel Gabriel, patrón de las comunicaciones, y San Pedro Regalado, que al igual que internet, tenía el don de la ubicuidad, pudiendo estar en varios sitios a la vez.

Así que el otoño entra de la mano de esta santa informática y de sus ayudantes, lo cual nos augura una estación llena de emociones intensas en internet, y en la que podremos navegar tranquilos y confiados por la red, ya que nuestra seguridad estará en buenas manos.

Hoy más que nunca espero que hagáis todo lo que esté en vuestra mano para pasar un excelente fin de semana. ¡A disfrutarlo a manos llenas!


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