viernes, 29 de noviembre de 2013

Viernes cantor.

Últimamente todo el mundo anda queriendo mostrar sus dotes cantoras. No sé si será porque, como dice el dicho, quien canta sus males espanta, o si se trata de un ensayo general para afrontar con éxito los villancicos que se nos vienen encima.

El caso es que poseer un buen oído musical se ha convertido en una habilidad indispensable para ser alguien en esta sociedad. Las televisiones se llenan de programas de gente que quiere demostrar sus cuestionables dotes artísticas. Da igual que sean unos completos analfabetos, el caso es que no desafinen, y por eso les aplaudimos a rabiar.

Aunque no podemos decir que se trate de una moda nueva. Desde hace mucho tiempo, los cantantes han ocupado uno de los escalafones más elevados del rango social. Y la afición por castigar los oídos ajenos tampoco es nueva.

He ahí el caso de Florence Foster Jenkins, una excéntrica soprano estadounidense, tan famosa en su tiempo como carente de aptitudes para el bel canto. Sin embargo, con sus conciertos llenaba los auditorios, colgando el billete de no hay entradas meses antes de sus representaciones, y no precisamente por su destreza musical en la representación de las arias de Mozart, Verdi o Strauss que interpretaba, sino más bien por la diversión que proporcionaba a sus seguidores con sus trinos desafinados, faltos de melodía y de ritmo. En sus conciertos, los espectadores proferían todo tipo de comentarios sobre su arte, que ella se apresuraba a atribuir a la envidia profesional, lo cual le animaba a seguir cantando. Así, pese a las mofas y escarnios de público y crítica, consiguió grabar cinco discos, y tener una legión de admiradores, muchos más que otros cantantes más 'respetables'.

Está claro que desde siempre ha resultado más beneficioso caer en gracia que ser gracioso. Siempre habrá infinidad de personas que le rían las gracias al tonto de turno, sin que se den cuenta que los idiotas son ellos, y que el otro vive del cuento estupendamente.

Que paséis un buen fin de semana.

Y no dejéis de destinar unos minutos a afinar vuestra voz. Nunca se sabe donde puede haber una figura de la canción en potencia.


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