viernes, 28 de febrero de 2014

Viernes musical

Si hay un rasgo cultural que nos diferencia del resto de animales ese es la música. Siempre ha constituido un patrimonio común de toda la sociedad, acompañando nuestros ritos y festejos.


La música tiene un componente vocal, y otro instrumental. En cuanto al segundo, observamos cómo del uso de los primitivos troncos, cuernos o conchas para producir sonidos, fuimos pasando a otros elementos más elaborados como el tambor, las castañuelas, la flauta, la zambomba, la campana, la pandereta, el rabel, el laúd, la gaita, la mandolina, el acordeón o el saxofón, entre otros muchos. Los instrumentos iban evolucionando al mismo ritmo que lo hacía la propia sociedad.


Poco a poco, los estamentos dominantes (clero y nobleza) se fueron distanciando y aislando del pueblo. Pero seguían teniendo una necesidad básica: el placer de la música. Fue entonces cuando contrataron a su servicio a los mejores compositores e intérpretes, que comenzaron a componer música distinta de la que consumía el pueblo. Y para esta música ya no eran válidos los instrumentos que el vulgo utilizaba, sino que comenzaron a inventar y perfeccionar nuevos instrumentos al servicio de esta música elitista. Instrumentos como el contrabajo, el fagot, el oboe o la tuba, nacieron de dicha necesidad. 

La música clásica creció en cantidad y calidad, y con ella el número de instrumentos necesarios para su interpretación y para el mayor realce de sus matices. Poco a poco el gusto por esta música fue extendiendo entre la creciente burguesía, pero se siguió manteniendo la exclusividad de los instrumentos que componían las orquestas.

Ya en el siglo pasado, las pequeñas bandas de música municipales sacaron ciertos instrumentos a la calle, especialmente de viento y percusión, ante la sorpresa y perplejidad de los ciudadanos cuando veían y escuchaban por primera vez los trombones, clarinetes o flautines. No obstante, estas bandas seguían tocando música ‘clásica’.


El cambio principal se produjo cuando las grandes bandas americanas, como las de Glen Miller o Xavier Cugat, comenzaron a emplear estos instrumentos para tocar música más moderna, incorporando además otros más populares como saxofones, maracas o guitarras.


Por fin, a los instrumentos clásicos les daba la luz del día, y parecía que les sentaba bien. Ya sólo era cuestión de tiempo que los instrumentos populares comenzasen el viaje inverso y llegaran a los auditorios. 

Hoy en día ya no nos sorprende que guitarras, sintetizadores, baterías y otros instrumentos compartan espacio escénico con clarinetes y violines. Numerosos cantantes actuales han grabado discos acompañados de algunas orquestas sinfónicas. Pero una cosa son las colaboraciones ocasionales, y otra muy distinta que hayan entrado en la orquesta para quedarse definitivamente allí. ¡Hasta ahí podíamos llegar! El repertorio musical clásico no les ha dado nunca protagonismo, salvo en contadas ocasiones en las últimas décadas.

Esta semana nos abandonó un virtuoso de la guitarra. Con gran reconocimiento por parte del público general, fueron escasas las veces que su guitarra pudo compartir escenario con otros instrumentos más selectos. 


Pero a partir de ahora será justo lo contrario. Dicen que el cielo está lleno de guitarras y panderetas, y escaso de violas y contrafagots, ya que, como todos sabemos, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un violonchelo suba al reino de los cielos. 


Además, allí le esperan guitarra en mano Jimi Hendrix, Cliff Burton, Frank Zappa y Andrés Segovia. Y Chavela Vargas, para cantarles: "Hay que llenar el planeta de violines y guitarras, en lugar de tanta metralla".

Espero que paséis un buen fin de semana, y un mejor Carnaval.

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