jueves, 20 de noviembre de 2014

Viernes sonriente. La sonrisa hidráulica

Viernes sonriente. La sonrisa hidráulica. La sonrisa más famosa del mundo tiene su origen en la disputa por el control de un río de la Toscana italiana.

William Shakespeare dijo en su día que ‘Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada’.

Cuentan los científicos que el hombre es el único animal que puede sonreír. Desde bien pequeños, incluso dicen que en el vientre materno, los humanos aprendemos a flexionar los 17 músculos de la cara que intervienen en la articulación de este gesto.

Esta expresión puede reflejar un sinfín de estados de ánimo, como placer, ansiedad, ira, sarcasmo, satisfacción. De esta forma podemos encontrar muchos tipos distintos de sonrisa, unas espontáneas y otras artificiales: sonrisas amargas, sonrisas forzadas, sonrisas robadas, sonrisas de desprecio, sonrisas profesionales, sonrisas verticales y sonrisas profident.



También las hay tímidas o, al contrario, muy explosivas y próximas a la risa. De hecho, la palabra sonrisa viene del latín subridere, que significa "sub-risa", esto es, una risa disminuida.

De cualquier forma, la sonrisa es una de la mejor terapia para los enfermos, ya que produce innumerables efectos beneficiosos, circunstancia que conocen bien sus profesionales, capaces de arrancarnos la misma de múltiples formas: risoterapeutas, monologuistas, payasos, comediantes.



En muchos casos, las sonrisas las ‘esbozamos’, lo cual nos refiere a su carácter más artístico, existiendo numerosas obras que se vertebran en torno a las mismas. Tenemos libros como La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro, Brújulas que buscan sonrisas perdidas de Albert Espinosa o La sonrisa de las mujeres de Nicolás Barreau; grupos musicales como La sonrisa de Julia; afamados espectáculos musicales como Sonrisas y Lágrimas; o películas como La sonrisa de Mona Lisa de Julia Roberts y Kirsten Dunst.

Evidentemente, si hay una sonrisa que destaca por encima de las demás, esa es la de la Mona Lisa. Una mueca enigmática que muchos investigadores han querido desentrañar a lo largo de la historia, sin aparente éxito.

Y es que nadie sabe muy bien a qué obedece dicha sonrisa, y ni tan siquiera conocemos con exactitud la identidad de su propietario/a. Se especula que la famosa Mona Lisa podría ser un retrato de Lisa Gheradini, pero es tan solo una conjetura más entre otras muchas.



Lo único que se conoce, por los estudios realizados, es que la sonrisa pintada inicialmente por Leonardo era, si cabe, aún más lánguida. Luego decidió cambiarla por influencia de Gian Giacomo Caprotti, ‘el Salai’, un joven maestro muy querido por Leo en todos sus aspectos.

En cuanto a su causa, algunos opinan que la sonrisa se debe a aquello que está mirando. Y es que, según los expertos, en el reflejo de sus ojos se atisba una vista del río Arno.

El río Arno nace en los Apeninos y va a desembocar al mar de Liguria, cerca de la ciudad de Pisa, tras discurrir por la Toscana y cruzar su capital, Florencia, por debajo del Ponte Vecchio. Ésta última es considerada la capital del Renacimiento, por la enorme cantidad de ilustres personajes que nacieron y vivieron en ella, un elenco sin igual desde la época dorada de Atenas.

Entre ellos tenemos a Botticelli, que nos dejó su incomparable Nacimiento de Venus, Filippo Brunelleschi y su Cúpula de il Duomo, Dante Alighieri y su Divina Comedia, Miguel Ángel Buonarroti y su David, Maquiavelo y su tratado El Príncipe, o Leonardo da Vinci y su Gioconda.



Estos dos últimos, además, coincidieron en la misma época y trabaron amistad. Se conocieron en la corte de Cesare Borgia, hijo ilegítimo del Papa y mandatario de Milán, en la que Leonardo trabajaba como arquitecto e ingeniero, mientras que Maquiavelo acudía como segundo canciller de la república de Florencia.

Así fue como en 1503 Maquiavelo llamó a su amigo Da Vinci para que le ayudase en su guerra con Pisa. Por aquel entonces, Italia estaba dividida en un montón de ciudades-estado, todas enfrentadas entre sí: el Pontificado romano, las repúblicas de Génova, Venecia y Florencia, el reino de Nápoles, los ducados de Milán, Ferrara y Módena. A todas ellas debemos añadir poderosos estados de Francia y España, que usaban Italia como parte de su tablero de juego geoestratégico.

Da Vinci ya era famoso por entonces por sus numerosas invenciones militares: puentes móviles, catapultas, minas, morteros. Así que comenzaron encargándole que construyese un fuerte inexpugnable.



Pero el principal problema con el que se encontraban era que Pisa, río abajo, estaba bloqueando la libre navegación por el río Arno, dificultando los negocios de los comerciantes florentinos.

Así que Leonardo y Maquiavelo elaboraron conjuntamente el ambicioso proyecto de desviar el curso del río y hacerlo desembocar más al Norte. Por un lado incrementaban las tierras de regadío, y por otro conseguían un cauce navegable alejado de la ciudad rival.

Contrataron para su ejecución a un ingeniero hidráulico llamado Colombino para llevar a cabo la obra. Pero éste no siguió al pie de la letra los planos de Leonardo, y construyó unos canales menos profundos que los proyectados.

Así que cuando éstos se inauguraron constituyeron un completo fracaso. En primer lugar por los defectos en la construcción, y en segundo término porque estalló una tormenta y los canales se colapsaron. Con la confusión reinante, los pisanos aprovecharon para derribar el dique construido, y restituyeron el cauce natural del río.

Tras el fracaso, Leonardo y Maquiavelo se despidieron amistosamente, y siguieron sus carreras por separado.



Maquiavelo consiguió conquistar Pisa finalmente, pero fue destituido de su cargo cuando los Medici recuperaron el poder en Florencia. Fue torturado y encarcelado, aprovechando su estancia en prisión para escribir uno de los tratados de política más importante de todos los tiempos.

Mientras tanto, Da Vinci prosiguió con su exitosa carrera científica, y sus siguientes obras hidráulicas en Milán, en los territorios papales y en Francia, tuvieron mejor fin que la de Florencia.

Pero algo en su interior le recordaba siempre el fracaso de su proyecto del río Arno, de tal forma que cuando pintó la Monna Lisa del Giocondo, reflejó en los ojos de la dama una vista del río, y esbozó una 'sonrisa' en su cara…

Espero que este fin de semana nos sonría la fortuna, luzcamos una sonrisa de oreja a oreja, y no haya nada que nos haga perder la sonrisa. ¡Buen finde!






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